jueves, 7 de febrero de 2013

Confusión.

Buenas.. ¿tardes? La verdad era que venía acá a hablar de cualquier basura (como siempre) pero nuevamente me he topado con algunos de esos blogs que solía leer hace unos cuántos años atrás. Con la tentación en la punta de la lengua y una sonrisa bastante socarrona para ser la niñita ingenua que soy, he empezado a leer la primera entrada que encuentro. Como no es raro hablaba de dietas, de calorías, de ayunos, de regímenes... de perder peso de maneras que siempre he considerado y lo sigo haciendo: son absurdas..

Bajas dos kilos, eres feliz, te relajas, comes, comes más, subes de peso, te deprimes, ayunas, atracón, subes más de peso, más ayuno, vuelves a bajar, vuelves a ser feliz y es un jodido círculo vicioso que lo único que  hace es torturarte y hacerte sentir como una fracasada, te matas lentamente.

No puedo negar que la tentación de ir y vomitar todo lo que acababa de comer fue grande (justo acababa de almorzar, y comí tanto que siento que si no vomito por mis propios dedos lo haré de lo llena que he quedado), puesto que quizá comí el triple de las calorías que aquella chica mencionaba en su blog estaba dispuesta a comer en un día.. ¿Y luego qué? luego estoy acá, maldiciendo internamente porque no sé qué mierda debo hacer.

No se supone que piense este tipo de cosas, no se supone que esté dudando de lo que me dan de comer, que esté contando las calorías de cada cosa, que prefiera sentir mi estomago quemar antes que aquella sensación de satisfacción culposa después de comer... Ya pasé por esto.

... Estoy evitando a toda costa el volver a caer en ello.