"Y estábamos ahí de nuevo, a solas.
Teníamos aun el uniforme de la institución, ¿para qué nos molestábamos en
cambiarnos?
Podía sentir mi rostro encendido
ante su mirada fija en mí. El silencio era cortante pero cálido, no faltaban
palabras. La amaba, era todo. Ella lo sabía, correspondía ¿Podría ser todo más
perfecto?
Se aferro a mí refugiando su rostro
en mi cuello, se acerco a mi oído.
—Te amo—susurro, y solo esas dos
palabras me hacían inmensamente feliz.
Las mariposas comenzaron a recorrer
de nuevo mi interior, y solo ella sabia como hacerlas despertar.
— Yo también— respondí mirándola a
los ojos. Me acerque a sus labios, y me deleite de ellos por completo.
Acostadas en mi cama era una
situación comprometedora, disfrutando de lo prohibido, escondidas detrás de
unas cortinas naranjas, encerradas en cuatro paredes que eran las testigos de
todo lo sucedido, custodiadas por una puerta que vendería su fidelidad de estar
sellada solo a alguien que girara su picaporte. El riesgo de que nos
descubrirán era enrome…. Eso hacia la situación más excitante aun.
El beso pasó de tierno a pasional
con solo mover la posición de sus manos: de mis mejillas a mi cadera.
Una de sus piernas entre las mías,
una de las mías entre las de ella.
Sus manos se aferraron a mi cadera,
apretándome contra ella. Una de mis manos se coló por debajo de su blusa,
anhelaba como nada sentir su piel; cálida, suave, virgen a mi tacto; Perfecta.
Toda ella era perfecta.
Se subió encima de mí, quedando
entre mis piernas, las enrolle en su cadera con ansias. Ella subió mi falda
tocando mis piernas con la misma ansiedad.
A cada instante me ponía más
nerviosa. Más excitada.
Aferre mis manos a su pequeña cintura,
las moví por toda su espalda, toque disimuladamente su trasero, la despeine un
poco.
Seguía besándola, besaba como una
diosa. Era un manjar exquisito, del que solo yo podía disfrutar en ese momento.
Me regocijaba en mi dicha.
Era mía. Toda mía. Solo mía.
Y yo de ella.
Bajo sus labios por la línea de mi
mandíbula, beso mi cuello, lo lamio. Me excitaba. Lo mordió, gemí; de placer,
de dolor. No lo sé. Se ondulo sobre mí.
— ¿Por qué me haces esto? —pregunto
regresando a mis labios.
Deje la pregunta a la deriva, no
tenia alientos para preguntarle a que se refería, todo se lo llevaba ella.
Las mariposas seguían revoloteando
en mi interior, me hacían cosquillas. Y el peligro constante que mi hermana
pequeña abriera la puerta y nos encontrara en tal situación se hacía más grande
a medida que no podía controlar los ruidos que salían de mi boca.
Los ruidos que solo ella provocaba.
Logre voltearme, quedar en medio de
sus piernas. Volví a besarla. Metió sus manos en mi buzo y lo retiro casi al
tiempo que yo besaba su cuello, bajo la cremallera de la jardinera y bajo la
parte de arriba, dejándome en camisa y falda. Mordí su cuello, gimió en mi
oído, se supone era mi venganza, pero ese gemido me había excitado
demasiado. Era mi tiempo.
Me deshice de su camisa con un ligero
movimiento, su tórax quedo a mi vista. Era hermoso, como siempre lo soñé. Solo
un brasier negro tapaba sus pequeños pechos.
— No me mires así, me
intimidas—dijo halándome y besándome de nuevo. Sonreí. Amaba cuando hacia esa
cara de niña pequeña.
Baje dando besos por su cuello, su
pecho, su abdomen, baje el pantalón de la sudadera con los dientes igualmente
el bóxer, dejándola en ropa interior. Una muy sexy ropa interior.
Jugué con el elástico de sus
bragas. Bese el interior de sus muslos.
Ella gemía bajito. Respiraba
fuerte.
Subí de nuevo a sus labios. Me
sentía nerviosa, jamás había hecho algo así.
De nuevo rodamos, ella quedo encima
de mí. Me beso. ¿Por qué no me cansaba de sus labios? No me cansaría jamás de
ellos, no saben cómo ningunos otros que haya probado.
Beso mi cuello y bajo por él,
desabotono cada uno de los pequeños botones de mi camisa con su boca y juagaba
un poco con su lengua sobre mi piel al terminar de desabrocharlo. Era tan sexy.
Me la termine de quitar yo. El
calor de la habitación era infernal. Podía escuchar las caricaturas que mi
hermana veía en su habitación, me excitaba el peligro.
Nos besamos de nuevo. Nuestros
labios danzaban en un baile peligroso, en un baile del cual solo participaban
los amantes escondidos. Jugamos con fuego. Y ella es fuego, ardiente.
Excitante.
Su piel rosaba la mía. Nuestras
lenguas se encontraban, exploraban cada parte de nuestras bocas.
La pasión se daba en el lugar.
Y el resto es historia…
Fantaseaba con ella. Otra vez con
ella.
Abrí los ojos. Me costó un poco
acostumbrarme a la oscuridad del lugar, pero por fin la vi, dormida, a
centímetros de mí. Una de sus manos se encontraba en mi mejilla y la otra en mi
cintura, las mías estaban ubicadas de igual manera.
No me resistí, deposite un pequeño
beso sobre sus labios, haciendo que sus ojos se abrieran, me besó ella.
— ¿Nos quedamos dormidas? —sonrió
retirando un mechón de cabello que había caído sobre mi rostro. Asentí.
Solo un sueño…."